martes, 31 de mayo de 2016

Desastres naturales en la Región de O'Higgins, una mirada histórica



Por Cristian Urzúa Aburto 

“Chile: país de catástrofes”, es la frase que se usa comúnmente para describir el espacio que nos cobija; y ciertamente, de tanto en tanto, la naturaleza nos sorprende con la magnitud de sus fuerzas telúricas o climáticas. El historiador Rolando Mellafe acuñó el concepto de “acontecer infausto” para definir las calamidades que han generado la destrucción de sitios antropizados y que forjaron una cosmovisión en la sociedad chilena producto de la colectividad de la experiencia y su periodicidad.   
            Cada región de Chile ha estado expuesta a desastres naturales de acuerdo a sus características geográficas. La Región de O’Higgins, por cierto, no ha estado exenta a la amenaza de terremotos, temporales, sequias o heladas. Baste mencionar los recientes desbordes de los ríos Tinguiririca y Cachapoal que provocaron inundaciones en las viviendas rivereñas. 


            En el albor del siglo XX ocurre el terremoto de 1906 en la zona central, que ocasiona el derrumbe de casas y edificios, miles de damnificados, cientos de heridos y fallecidos, especialmente en la costa. Edificios públicos, iglesias, escuelas y los humildes ranchos campesinos resultaron destruidos. El gobierno dio subvenciones a los damnificados, principalmente a los pobres, cuyas frágiles viviendas de adobe colapsaron inmediatamente.
            El terremoto de 1928 se recuerda en la región por la destrucción del depósito de relaves mineros en el campamento Barahona, cerca de Sewell, que hizo subir el nivel del río Coya y Cachapoal. La corriente se llevó la vida de 54 trabajadores de la Braden Copper Company que murieron arrastrados por el río.
            Son muchos los eventos infaustos, dejemos constancia de los más significativos, como la lluvia de cenizas del volcán Quizapú en 1932 que cubrió de residuos a la región completa; la nevazón de 1971 en Rancagua que dejó a la ciudad bajo la nieve provocando derrumbes, inundaciones y bloqueos de caminos; el terremoto de 1985 que derrumbó las viejas construcciones de adobe provocando 17 muertes y miles de damnificados; y, el más reciente terremoto de 2010, que solo en la región de O’Higgins dejó un saldo de 53 fallecidos, miles de damnificados, así como viviendas y caminos destruidos...
            Solo son algunos episodios de una serie de catástrofes de distinta índole, intensidad y duración, según el capricho de la naturaleza, pero que demuestran hasta qué punto su poder sacudía material y emocionalmente una región.
            Uno de los aspectos en torno al acontecer infausto es que genera una cultura social, un conjunto de saberes que buscan explicar y representar estos fenómenos. De antiguo se pensaba  que una señal en el cielo, como un cometa o eclipse, era signo de mal augurio y presagiaba un evento catastrófico. Cuando ocurrían, se le atribuía a la ira divina, y no pocos creían que se venía el “acabo de mundo”. Un paisaje singular post terremoto era ver a la gente rezando entre los escombros, pidiendo compasión a la Virgen y a los Santos.
            Desde otra arista, una mirada tecnocientífica, se ha acumulado un importante conocimiento para mitigar el daño de los desastres naturales, desarrollando construcciones antisísmicas, identificación de sitios de riesgo y programas educativos que enseñan a la gente a actuar de manera adecuada. Queda mucho por hacer aún, pero el avance ha sido significativo.  
            Si poseemos una conciencia histórica de los desastres naturales, nos permitirá comprender y saber actuar cuando ocurran estos fenómenos, convirtiéndose en una experiencia aleccionadora. El acontecer infausto está presente en nuestra memoria colectiva como un patrimonio trágico -si se permite el término- que es parte de la historia regional y que es valioso no solo por pertenecer al pasado, sino porque es un evento cíclico que estará siempre presente en nuestras vidas.

domingo, 3 de enero de 2016

UN ARTÍCULO SOBRE NIKOLA TESLA DESDE SAN FERNANDO



En febrero de 1905, inserto en el periódico La Autonomía de San Fernando, apareció un artículo dedicado al eminente científico Nikola Tesla, escrito por un anónimo sanfernandino. En esta época, en Chile existe una fe en el progreso tecnológico, el que -se decía- traería la felicidad a la humanidad al minimizar el esfuerzo en el trabajo, reduciría las distancias y haría más dinámicas las comunicaciones. Este avance era sensible en la vida cotidiana con la expansión del ferrocarril, el teléfono, el automóvil o la fotografía, entre otras maravillas modernas, que cambiarían para siempre nuestra forma de interactuar con los otros, con el espacio y las fuerzas de la naturaleza. En ese tiempo, la sociedad tradicional comenzaba a experimentar el albor del progreso tecnológico y su tránsito sin retorno hacia la modernidad; de modo que hoy, para bien o para mal, es imposible concebir un mundo sin la tecno-ciencia. 

"Portentoso descubrimiento - El nuevo invento de Tesla - Lijera biografía"

Nikola Tesla, 1856-1943

"En su laboratorio instalado en las montañas Rocosas, a dos mil metros de altura, de Colorado Spring, en Estados Unidos, el eminente físico Nicolas Tesla, acaba de hacer el descubrimiento mas pasmoso que han visto los siglos: la trasmisión de las fuerzas a cualquier punto del globo, mar o tierra, sin el empleo de hilos metálicos u otra clase de conductores manufacturados.
            Este invento, que revolucionará el mundo del trabajo, en que se han invertido injentes sumas, es el resultado de una larguísima jestación i ha sido inspirado por la más noble de las pasiones que pueden mover el corazón humano, el amor del sabio para aliviar las fatigas del trabajo bajo sus semejantes, en la lucha incesante por la existencia. Con el descubrimiento de Tesla, se reducirá a su mínimum el trabajo del hombre.
            Cuando Tesla se penetró, no ya de la posibilidad, sino de la efectividad de su invento, se sintió enfermo, se creyó loco i hubo de acudir al bromuro para apaciguar sus nervios i calmar las exitaciones de su cerebro. Fue la manifestación del delirio i de la locura, compañera de los grandes placeres. Dentro de los estrechos límites de las columnas de un periodico,  i aún en un campo más vasto, no es fácil hacer una descripción clara, sencilla i comprensible de como concurren los factores en que se basa el descubrimiento. Mas, la telegrafía sin hilos de Marconi, de que la humanidad no ha obtenido los resultados que esperaba i que quedará ahora relegada a un lugar secundario o como un recuerdo científico, nos servirá como punto de partida de comparación en nuestra tarea.
            El mundo sabe que por el sistema de Marconi, se trasmite un mensaje de un punto a otro sin necesidad de alambres u otros conductores. Es un empleo restrinjido de las fuerzas naturales. En el invento Tesla, se procede del propio modo, pero no está circunscrito a simples mensajes sino a la trasmisión de todas las fuerzas con que actúa la naturaleza en el medio en que vivimos.
            Asegura Tesla que con una instalación de fuerza eléctrica puede enviar desde el Niágara enerjías capaces de mover una fábrica de azúcar que funcione en Australia, del mismo modo que puede enviar, cien, quinientos, mil caballos de fuerza a cualquier distancia i mover con la misma regularidad una fábrica que estuviera en las cercanías de un r.o. Un viajero que estuviera en los parajes más desolados de los Andes, se encontraría en condiciones de recibir las noticias de cualquier punto del globo i podría cocinar con fuego eléctrico.
            Tesla ha estudiado la manera de individualizar i aislar la fuerza, de modo que una corriente sea enviada a cualquier punto fijo i en cualquiera cantidad, sin peligro de desviarse o afectar a otras enerjías, i cree que la individualización puede multiplicarse en cualquiera cantidad.
            Ahora, ¿cómo pueden obtenerse tan maravillosos resultados? Aquí entran los trabajos de investigación del eminente físico.
            Se sabía que la tierra está constantemente cruzada de vibraciones eléctricas i que el aire está lleno de eléctricidad; pero nada más.
            Pues bien, en su campo de esperimentación, alrededor de un radio de treinta millas, Tesla observó más de mil doscientas descargas eléctricas en el espacio de dos horas. Esas descargas eran a veces de tal magnitud, que parecían árboles de fuego colocados en el cielo. Sus repetidas observaciones lo llevaron a la conclusión de que las vibraciones eran causadas por las corrientes eléctricas que se mantenían alrededor del mundo, como especie de oleaje estacionario. En otros términos, nuestro planeta en toda su magnitud, actúa como un conductor i, por consiguiente, sobre él no solo se pueden mandar mensajes sino también las modulaciones de la voz humana: i la fuerza eléctrica en ilimitada cantidad puede ser acarreada alrededor del mundo entero i enviada a cualquier punto casi sin pérdida perceptible.
            Tesla, que por sus trabajos sobre electricidad, era una notabilidad en el mundo de las ciencias, hoi, su descubrimiento, lo coloca en el primer rango entre los sabios e inventores, sin esceptuar a Edisson, Marconi, Ampert i otros bienhechores del jénero humano.
            Nació en Hungría, donde se educó, i es el segundo hijo de un administrador que fue de una iglesia griega, quién quería dedicarlo a la carrera sacerdotal, por no encontrar en Nicolas las jeniales ideas de su hijo premuerto, aunque Nicolas se condujo bien en sus estudios, sus padres siempre decían: "¡Cuánto más habría sobresalido nuestro hijo mayor!"
            El insigne sabio estudió matemáticas i física, cuyas asignaturas siguió en la escuela politécnica de Grarz. Pronto se decidió a abrazar los cursos de injeniería civil i luego abordó la filosofía i los idiomas en los colejios de Praga i Buda Pest. Es además, doctor en leyes de las universidades de Yale i Colombia de los Estados Unidos.
            Nicola Tesla tiene hoi cuarenta i siete años. Es un hombre alto, de cabeza larga i angosta, de espaciosa frente, tiene unos ojos llenos de espresión i el conjunto de su persona, es bastante agradable. Posee además, cualidades que lo hacen aún mas estimable entre los que vivimos de nuestros cuotidianos esfuerzos i nos agradan las relaciones sociales: es amante del trabajo i un ameno charlador.

                                                                                                      Alguién de San Fernando."

domingo, 6 de diciembre de 2015

El Patrimonio del Liceo Industrial de San Fernando



Por Cristian Urzúa Aburto

A fines de noviembre visitamos el Liceo Industrial de San Fernando donde pudimos conocer las interesantes máquinas y equipos ocupados para la enseñanza de distintas generaciones de estudiantes.
        El Liceo fue fundado el 22 de marzo de 1941 por el entonces Presidente Pedro Aguirre Cerda, recibiendo el nombre de Escuela de Artesanos. En 1951 adquiere el nombre de Escuela Industrial y en 1958 el de Liceo Industrial. Actualmente recibe a alumnos de toda la Región de O'Higgins, los que son instruidos en construcción, mecánica y electricidad. 
         Recorrimos las instalaciones del Liceo junto a Víctor León Vargas, profesor, investigador de la historia colchagüina y restaurador de la locomotora a vapor 607, el  conocido "tren del vino". Gentilmente León nos habló de la historia del Liceo, de las funciones de las distintas piezas y su valor histórico y patrimonial. El profesor dejaba constancia de la urgencia de poner en valor estas piezas creando un museo que las resguarde, de manera que los sanfernandinos puedan conocer parte de la historia de su ciudad.
            Dejamos una galería con algunas de estas interesantes piezas, sin duda, patrimonio relevante de la ciudad de San Fernando. 


Placa conmemorativa del 25 aniversario del Liceo Industrial


Tractor Bulldog Lanz, Alemania 1935


Torno para madera construído en los talleres del Liceo


Antiguo torno en su base original


Fragua construída en el Liceo por profesores y alumnos


Torno paralelo mecánico de la Fundición Asturias


Profesor Víctor León Vargas


Fotografía de estudiantes y profesores de la Escuela de Artesanos


viernes, 18 de septiembre de 2015

¿Qué celebramos cuando celebramos el 18 de septiembre?



Por Cristian Urzúa Aburto

Proclama y jura de la Independencia de Chile
La interrogación que titula esta nota, que bien puede ser de perogrullo, tiene una importancia radical para la comprensión de estos días de fiestas. Después de cerca de doscientos años de la gesta de la independencia de Chile celebramos como por inercia el "dieciocho", sin comprender muy bien su sentido. Dejemos afuera el ya conocido hecho de que tras la conmemoración de tres fechas: el 12 de febrero (jura de la independencia), 5 de abril (batalla de Maipú) y 18 de septiembre (formación de la primera junta de gobierno), quedó finalmente instituida esta última fecha como celebración oficial para disminuir así la gran cantidad de feriados que se repartían durante el año. Pero, más precisamente, en términos de significado ¿qué celebramos cuando celebramos estas "fiestas patrias"?

Para comprender esto es necesario trasladarse al contexto donde se produjeron los eventos. El tránsito desde la monarquía a la republica fue un escarpado proceso lleno de complejidades que fueron determinando en cada región de hispanoamérica el curso de los acontecimientos. Después de un largo proceso de colonialismo y configuración de las naciones, la toma de consciencia por parte de los "criollos" (los nacidos en tierras americanas) fue un aspecto decisivo en el despegue del proceso emancipador. La privación de acceso a los cargos públicos, el centralismo monárquico, las restricciones al comercio y otros abusos del absolutismo real generó un clima de descontento e indignación entre la comunidad criolla chilena. ¿Pero qué significaban para los criollos todas estas reformas? En una palabra: Libertad... libertad de autodeterminación, de consciencia, de comercio, etc., todas aquellas ideas que hicieron posible que Francia y EE.UU. se emanciparan. Ejemplos que seguirían las naciones latinoamericanas para generar su propio proceso emancipador. Una vez alcanzado este objetivo, cada república dispuso de la libertad de elegir su propia forma de gobernarse.

En un principio fue una gesta de una elite criolla, pero con el tiempo arrastraría a una parte importante del pueblo. Inquilinos, campesinos, artesanos y plebeyos dejaron el arado o el martillo, convirtiéndose en soldados del improvisado ejército nacional. Lucharon en distintos escenarios y asumieron diversos roles, uniéndose bajo un ideal a blancos, mestizos, negros y zambos. Tras las primeras iniciativas de radicalización del movimiento emancipador con las reformas de José Miguel Carrera, el gobierno hispano reaccionó violentamente, ganándose así el repudio de gran parte del pueblo: el anhelo de independencia se hizo entonces perentorio. Episodios representativos fueron el desastre de Rancagua, la represión de los Talaveras durante la Reconquista o la ejecución de los "mártires de Aconcagua" que afectaron transversalmente a amplios sectores de la sociedad. Entonces la palabra libertad hizo eco en ellos. Hubo, por otra parte, resistencia y oposición a los embargos patriotas, cambios de militancia ("vueltas de chaqueta"), oportunismo en el saqueo y el pillaje, deserciones masivas y bandolerismo rural que no se alineaba con ningún grupo.  

Quienes habían participado de la independencia recordarían este hecho con orgullo. Cada familia tenía a algún miembro o conocido que había participado en el proceso independentista y celebraban con alegría el "dieciocho", porque era parte de su experiencia vital. Las viudas tenían pensiones de gracia y los veteranos fueron venerados hasta sus últimos años. A otros no se les reconoció nada, y de ahí nace el dicho de "el pago de Chile". Las correrías de Rodríguez o el cruce del Ejercitó Libertador de Los Andes fueron historias y vivencias que se inmortalizaron en el valle central chileno recordándose hasta el día de hoy y celebrada por los lugareños. Este sentimiento nacional se consolidó con la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (1837-1839) y la Guerra del Pacífico (1879-1884). Asimismo, el Estado aprovechó toda coyuntura promoviendo el sentimiento patrio con la construcción de héroes, monumentos y símbolos que, en conjunto con las experiencias y expresiones patrias propias del bajo pueblo, lo que llamaremos aquí patriotismo popular, fueron moldeando una idea de identidad nacional.

Como hemos visto el proceso no estuvo exento de complejidad y polémica, sabemos que no hubo consenso en la forma de gobierno y tempranamente ideas distintas de país chocarían entre sí. ¿Cuál sería la forma de gobierno? ¿Federalismo o centralismo? ¿Quienes tendrían derecho a voto y asumir los cargos de representación? ¿Qué estrategias de desarrollo económico? ¿Proteccionismo o Librecambismo? Así fue en esta primera época con las ideas de los hermanos Carrera, O'Higgins, Rodríguez o Freire. El resultado no había dejado a todos contentos. A mediados del  siglo XIX, los veteranos de la independencia se preguntaban: ¿dónde estaba la libertad prometida, dónde la felicidad y el progreso para los ciudadanos? (A propósito del "decenio" de Manuel Montt que habían vejado las garantías individuales, persiguiendo y desterrando a liberales y artesanos que querían por entonces derrocar su injusto gobierno). Pasadas algunas décadas el pueblo llano representado por artesanos, obreros, empleados y estudiantes querían expresar también su punto de vista y participar de la construcción nacional, dado que, a esas alturas, la oligarquía había fallado estrepitosamente en la conducción del país. Llegado el Centenario en 1910 la llamada "cuestión social" cubría con su miseria y expresiones de descontento todos los rincones del país.

Argentina dio la independencia a Chile y Chile lo mismo al Perú... El afán autorreferente y localista de Chile, no evidencia el hecho de que el proceso de emancipación fue de carácter multinacional. Los ejércitos de Simón Bolívar y San Martín deben mucho a la consolidación de la independencia en Chile y sin su referencia, no se puede comprender el sentido de esta historia. Sin la conformación de "El Ejército de Los Andes" a cargo de San Martín, Soler, las Heras, O'Higgins, Freire y otros, mitad chileno y mitad argentino, de huasos y gauchos, mestizos y "pardos" difícilmente se hubiese logrado la emancipación. Aún cuando las cruentas guerras entre los países sudamericanos hayan enterrado el sueño bolivariano, se debe tener presente este antecedente al pensar la independencia nacional, a menudo, ausente en la construcción del relato nacional que lo hace ver como una gesta esencialmente local. 

En términos territoriales y etnográficos, la celebración nos habla de una parte de la historia "nacional". Chile hacia 1810 se expandía desde el Río Loa hasta el estrecho de Magallanes; y llegaba al Atlántico por el este, entre Río Negro hasta el extremo sur. No había Antofagasta, ni Tarapacá; tampoco Isla de Pascua y la Araucanía se encontraba aún en dominio mapuche. Dejando fuera al territorio Argentino (que era una realidad cultural diferente), el "dieciocho" estrictamente celebra la cultura e historia del valle central chileno -con el huaso mestizo y campesino como símbolo nacional. Este meta-relato ha ido incluyendo con el tiempo expresiones de otras culturas como los mapuches y rapanuis, integrados estratégicamente a la comunidad nacional para consolidar su territorio. El avasallamiento y "coloniaje" del Estado sobre estos pueblos continua y han generado movimientos que plantean su emancipación.

Cabe señalar un punto de inflexión en la interpretación de la independencia que marca con fuego una división ideológica presente en nuestra época. El Golpe Militar (1973-1990) cambió para siempre la percepción de la institución castrense por una parte de la sociedad chilena. Con los hechos ocurridos en dictadura, para unos el ejército había dejado de ser "de todos los chilenos" convirtiéndose en un recuerdo asociado al dolor y la infamia. Según sus panegiristas, correspondería a una "segunda independencia", al decir de la época, al ingreso del "cáncer marxista" de la URSS y Cuba, ideología atea y destructiva que llevaría al caos al país. Una suerte de continuidad con el primer proceso independentista, aunque con un consenso más restringido. Desde entonces la visión del ejército se torno problemática. La aproximación de ambas fechas, 11 y 18 de septiembre, genera pues una contradicción nacional donde se conmemora y se celebra. Señal de esta contradicción es la Parada Militar el 19 de dicho mes, acto marcial a la vez admirado y cuestionado por distintos sectores de la sociedad.

De vuelta al presente: fondas, volantines, cueca, empanadas... para algunos pareciese que este día es solo celebración donde comer y beber a reventar es la consigna. Sin embargo, estas fechas están llenas de significado histórico que, con el correr de los años, ha acumulado nuevos relatos, generando una constante actualización interpretativa en la construcción republicana. Quizá sería relevante rescatar el ideal de los soldados que creyeron que luchar contra el colonialismo hispano en pos de mundo mejor, a riesgo de dejar la vida en el campo de batalla, era honorable, hermoso, trascendente... de que la lucha por la libertad frente a una autoridad opresiva o un gobierno injusto sería un legado excelso para las generaciones futuras, es decir, para nosotros. La historia no ha terminado... ¿cuánto hemos ganado o perdido en el camino recorrido? ¿cuánto queda aún por hacer de este país un lugar mejor? ¿Qué nuevos procesos y cambios políticos se avecinan? Estas y otras interrogantes el tiempo nos lo dirá.