domingo, 29 de junio de 2014

Codegua y sus Tradiciones



Tadeo Vilches Ramírez
LOM Ediciones
Santiago, 2002.
124 páginas.

Codegua y sus tradiciones
“Codegua y sus tradiciones” es una obra que recopila el folklor de la Comuna de Codegua con el fin de conservar las costumbres, valores y memoria colectiva de sus habitantes. Junto a este libro se añade una edición musical donde se registra el canto popular, a lo divino y humano, de cantores y cantoras codeguanos. Su autor, Tadeo Vilches, colchagüino de nacimiento, Profesor de Educación Básica, Concejal de Codegua (1996-2000) y alcalde de Codegua (2002-2006), es quién se encarga de esta tarea.

En primera instancia este libro cuenta sucintamente la historia de Codegua y narra, de forma extensa, la situación actual de la comuna describiendo sus instituciones, infraestructura y las actividades productivas. 

Asimismo, se presenta el trabajo de recopilación de la tradicional oral entre los ancianos de la comuna, portadores de coplas, refranes, dichos, adivinanzas, leyendas y sucedidos, que eran parte de la sabiduría popular, así también como formas cotidianas de diversión y sociabilidad. Citemos una adivinanza:

“Vuela sin alas /
silba sin boca /
pega sin manos /
y no se toca”,

…a ver si adivinan (1)

Se cuentan también leyendas y sucedidos (2), que narran aquellas viejas historias del campo que hablan de tesoros enterrados, culebrones y pactos con el diablo.

En la sección “Historias de nuestro pueblo” se presentan breves fragmentos de acontecimientos ocurridos en la comuna, descritos por el autor o por la voz de sus entrevistados. Destacan los relatos sobre la parroquia Nuestra Señora de la Merced fundada en 1758 y de la Iglesia Metodista Pentecostal formada en 1909. A nivel institucional, son hechos fundamentales el nacimiento del Registro Civil, el Club de Ganaderos San Sebastián y Club de domadores “Chiquilan”. En la producción destacan las pastelerías y el taller de herreros de Carlos Morales, además de los antiguos guachucheros (2) y fruteros, que traficaban sus productos a la mina El Teniente. 

Una de las partituras del canto popular
La segunda parte del libro se titula “Guía para la audición de la Grabación Savia Chilena. Vol. 6”, donde se presentan un total de 26 grabaciones de versos, cuecas tonadas y romances. En cada página se presenta una breve biografía del cantor y la partitura de su obra.

Al final hay una galería fotográfica que muestra la arquitectura tradicional de Codegua.

Este es un extraordinario trabajo de recopilación folklórica que reúne gran parte del saber popular y que distingue aquellos rasgos más característicos de los habitantes de Codegua. 

(1) Respuesta: El viento.
(2) Sucedido: Relato propio de un lugar de carácter anecdótico.
(3) guachucheros: traficantes de licor.

Por: Cristian Urzúa Aburto.

domingo, 1 de junio de 2014

El Día del Patrimonio Cultural en Rancagua



Por: Cristian Urzúa Aburto.

En la mañana del 25 de mayo la urbe rancagüina, gélida y otoñal, recibió a sus visitantes para conmemorar el Día del Patrimonio Cultural 2014. Desde temprano se observaba a las familias recorrer la Plaza de los Héroes y la calle del Estado, reconociendo los monumentos y edificaciones históricas. En el corazón de la plaza, guías de la caja de compensación La Araucana realizaban recorridos explicando el significado histórico y anecdótico de estos monumentos. En este grato ambiente, nos dirigimos al Museo Regional de Rancagua, cuyo personal, dispuesto y entusiasta, esperaba a sus visitantes. 

Guías haciendo rutas histórico patrimoniales
La “casa del pilar” contaba entonces con interesantes exposiciones, algunas con tiempo en exhibición y otras recientemente inauguradas. El museo había predispuesto guías para instruir a los visitantes en las distintas exposiciones.

La primera galería contenía las piezas restauradas del Santuario de la Compañía de Jesús, compuestas de efigies, objetos y retablos, que habían sido afectados por el terremoto del 2010. “De lo Humano y lo Divino. Pinturas del Museo Regional de Rancagua”, era otra de las exposiciones que resguardaba el museo. Nos regocijamos con la belleza de la pintura religiosa y profana: cristos, vírgenes y ángeles, por un lado, y paisajes y retratos, por otro, componían esta interesante exposición. En la galería adjunta observamos la exhibición “Guacarhue Muros del tiempo” del artesano Marcial del Real Richasse, maquetista autodidacta, que presentaba la reproducción a escala de distintos modelos de viviendas e iglesias típicas de la zona, construidos con sublime maestría.

Visitantes en la muestra de piezas del Santuario de la Compañía de Jesús
"Muros en el tiempo", maquetas de Guacarhue
En el segundo piso el museo desplegaba sus exhibiciones más recientes. La muestra “Museos de la región de O’Higgins, Holografías” a cargo de Pablo Barahona Droghett y su equipo, mostraba sesenta hologramas de los objetos patrimoniales más importante de los museos de la región: el Museo de Colchagua, el Museo Lircunlauta y Museo Regional de Rancagua. Dimos por finalizado nuestro recorrido en la exposición “Memorias de la Guerra del Pacífico” que presentaba objetos relacionados a este acontecimiento como documentos, fotografías y los trajes de los soldados, acompañados de su ajuar y armamento.

Uniforme de soldado chileno
Entre paréntesis, algunas observaciones para potenciar las exposiciones. Ocurría que en algunas galerías no había descripciones sobre lo que se exponía, lo cual deja al visitante con cierta confusión al no poder entender el marco referencial que agrupaba los distintos objetos. En la muestra de pintura “De lo Humano y lo Divino”, por ejemplo, no había elementos contextuales que ayudaran a comprender la exposición, fuera del nombre y fechado de cada cuadro. Un pequeño afiche descriptivo como pie de entrada, hubiese sido necesario para comenzar su recorrido. Las holografías, por su lado, no tenían etiquetas descriptivas.

Retrato de mujer, siglo XIX, Raymond Monvoisin, Óleo sobre tela. 
Continuamos nuestra ruta en la casa del Ochavo, cuya bella arquitectura y variada vegetación es desde ya un deleite para el visitante. Cruzando el zaguán alcanzamos a un grupo de personas conducido por los guías, que explicaban a niños y adultos los detalles de la construcción de la casona. Como aún el museo se encuentra en reconstrucción, solo pudimos ver los exteriores de la casa, con excepción de una sala que recreaba una cocina colonial dotada de módulos digitales interactivos. Uno de los aspectos más interesantes del recorrido, a mi modo de ver, fue la charla del arqueólogo del museo, el señor Mario Henríquez Urzúa, que habló sobre la historia regional a través de sus hallazgos arqueológicos, dándonos ciertas claves interpretativas para datar su periodo e identificar sus características.

Visitantes en el patio de la Casa del Ochavo
Mario Enríquez Urzúa explicando la arqueología local.
Y así dimos por terminado nuestro recorrido por la ciudad y, con un regocijo en el corazón, nos retiramos por la calle del Estado en busca de nuevas experiencias que nos ayuden a comprender mejor la historia regional. Agradecemos a la administración del museo por su diligencia y simpatía y felicitamos al equipo del Museo Regional de Rancagua por la gestión de sus actividades en este Día del Patrimonio Cultural 2014.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Reflexiones históricas en torno al 21 de mayo.



Cristian Urzúa Aburto

Homenaje a los héroes de la guerra
Recuerdo que en vísperas de esta fecha en mi antiguo colegio donde cursé toda mi educación básica, el colegio Carlos Condell de la Haza, se celebraba con gran pompa el 21 de mayo, realizándose un homenaje con desfiles e himnos en honor a los héroes de esta contienda que hoy cumple ya 135 años. Y no podía ser menos, pues el colegio llevaba el nombre de uno de los héroes que participaron en el célebre combate. Yo por mi parte, a veces con pesar, a veces con entusiasmo, pero empapado de mi ingenuidad propia de niño, participaba de las actividades del “mes del mar”, al tiempo que con mis compañeros hacíamos bromas sobre la calvicie de héroe o especulábamos sí realmente había dado ese salto heroico hacia el acorazado enemigo (siempre rondó la hipótesis de que fue empujado). Lo que yo viví seguramente lo viven hoy la mayoría de nuestros estudiantes y seguirá repitiéndose por muchos años más. Sin embargo, ¿cuál es el origen de esa tradición, como alcanzó tal popularidad y qué elementos esconde al respecto?

Existen diferentes interpretaciones sobre los hechos acontecidos, que oscilan entre los apologistas extremos, que sacralizan la imagen de los héroes, y sus críticos acérrimos, que declaran su intrascendencia y cuestionan la relevancia de Prat en el desarrollo del conflicto. Dejando de lado los sentimientos chovinistas y la ácida crítica de sus detractores, esperamos dar una imagen sopesada del origen de esta celebración. 

Situémonos un poco en el contexto. En el siglo XIX los gobiernos hispanoamericanos empezaron a crear lazos de identidad con el propósito de unir lenguajes y culturas muy diferentes entre sí. Es entonces que se comienzan a forjar los símbolos nacionales, las ritualidades y a erigir los panteones heroicos. Los gobiernos asimismo inician su expansión territorial y económica consolidando poco a poco sus fronteras. Es en este marco histórico que emerge esta celebración y sus figuras principales.

Los hechos del combate en sí son bien conocidos por lo que no nos extenderemos mucho al respecto, sólo me avocaré a realizar una interpretación sobre su significado histórico. En relación al resultado de la batalla, considero que esta fue una oportunidad ventajosa para Chile en términos morales. Si bien es cierto que la victoria peruana permitió acabar con el bloqueo de Iquique, la derrota de Prat, lejos de desmoralizar a Chile, le proporcionó al Estado un símbolo poderoso, que supo bien aprovechar para concientizar y movilizar a los ciudadanos poco convencidos de la guerra. El sacrificio del marino tuvo una rápida difusión que alcanzó hasta el último caserío de la república, presentándose como un ejemplo de valor y virtud cívica.

En el comienzo la guerra resultó impopular por el reclutaje forzoso, la ausencia de pertrechos y los intereses partidistas, pero al finalizar la contienda logró un inusitado y unánime apoyo de todos los sectores sociales.  En este punto el acto de Prat y compañía jugó un papel trascendental en el desarrollo del conflicto. El trágico suceso de Iquique se divulgó de manera extraordinaria expandiendo el patriotismo entre hombres, mujeres y niños. Inmediatamente después de lo sucedido ese 21 de mayo los varones se enrolaron voluntariamente y quienes no pudieron hacerlo ayudaron con recursos a la campaña del norte. De hecho muchos de los niños nacidos durante ese tiempo fueron bautizados con los nombres de Esmeralda y Arturo. El Estado aprovecho la coyuntura y supo sacarle provecho con el envío de los héroes que visitaron los pueblos y la realización de mítines en las plazas públicas. La prensa por su lado –liberal, conservadora y obrera–, desbordó ríos de tinta que, con sentimental y patriota prosa, detallaba los acontecimientos y solicitaba el enganche del pueblo: “¡Al norte, al norte!”, se leía en algunos de ellos.

Esto produjo un conjunto de ritos en homenaje a los próceres. Sin embargo, el rito político, que construye, despliega y promueve el Estado, no es solo un reconocimiento desinteresado, sino que constituye uno de los artefactos para su propia legitimación y, por ende, la consolidación de su poder. Los ritos, dice Catherine Bell, definen el poder en dos dimensiones. Primero se valen de los símbolos y su despliegue para presentar a personas y a grupos como si integraran una comunidad coherente y ordenada, y por otro lado reiteran la legitimidad del poder establecido mediante ritos efectuados en todos los escenarios del territorio y en repetidas ocasiones durante el año (1). Desde entonces la ceremonia oficial era efectuada en Iquique donde asistían las autoridades de gobierno. En los pueblos, los veteranos de guerra eran festejados por los alcaldes, las instituciones locales y la comunidad. Durante el periodo parlamentario, la figura de Prat tuvo un auge como encarnación de la virtud cívica y la unidad nacional frente a la crisis que estaba viviendo el país. En 1926, se instaura la cuenta anual del Presidente de la Republica frente al Congreso, hasta el día de hoy…

Debemos agregar que con la conmemoración de esta fecha el Estado chileno –en plena gestación– celebra una doble victoria. En el marco de la guerra del pacífico –cosa que ya es sabida- se logró el triunfo contra el enemigo externo (Perú y Bolivia) que significó la anexión de los ricos territorios salitreros de Antofagasta y Tarapacá. Menos conocido en cambio fue la guerra contra el “enemigo interno”, que atentaba contra la consolidación del Estado: por una parte, el bajo pueblo, vagabundos, peones y campesinos, de escasa conciencia nacional, indiferente a los eventos ocurridos, renuente al reclutaje y que arrancaba de las levas y desertaba de las filas del ejército sin entender muy bien lo que ocurría. Así la guerra fue una escusa para “limpiar” las provincias de malos elementos que podían ser más provechosos en el frente de batalla. Para el Estado, el enemigo interno estaba representado también por los mapuches del sur quienes continuaban luchando en la defensa de su territorio. Desde 1861 el Estado chileno comenzó la ocupación de la Araucanía, pero la coyuntura de la guerra retrasó los planes de conquista lo que produjo la gran insurrección de 1880, en pleno conflicto en el norte. Por este hecho se decidió retomar la campaña y en 1883 se ocupa completamente el territorio.

Con la ocupación del norte y del sur, y acrecentados los niveles de conciencia y orgullo nacional en una parte importante de los chilenos, el Estado lograría su consolidación a contrapelo de las diferencias sociales, étnicas, lingüísticas e ideológicas creando lo que Benedict Anderson denominó una “comunidad imaginada” (2). Sin embargo, esta comunidad presenta ciertas fisuras: el eco de los vencidos sigue haciendo mella, desestabilizando de vez en cuando los cimientos marmóreos y apolíneos del Estado. Hoy, las acusaciones a los tribunales internacionales de Perú y Bolivia, los persistentes enfrentamientos territoriales con los mapuches en la Araucanía y la fuerte presencia del movimiento estudiantil, simbolizan en conjunto un contrahomenaje a las verdades constituidas y a los saberes oficiales, conflictos de largo aliento de fantasmas que engendró el propio Estado en su proceso de construcción histórica.   

(1) Catherine Bell: Ritual Theory, Ritual Practice, Oxford University Press, Nueva York, 1997. Citado por Enrique Florescano: La Función Social de la Historia, FCE, México, 2012.  

(2) Benedict Anderson: Comunidades Imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, FCE, México, 1993.

sábado, 17 de mayo de 2014

Fundación de la Villa de San Fernando de Tinguiririca


“Capital de la Provincia de Colchagua, San Fernando fue fundado el 17 de Mayo de 1742, recibiendo el nombre de Villa de San Fernando de Tinguiririca.

Alegórica fundación de San Fernando
El Gobernador de Chile en aquel entonces, José Manso de Velazco, decidió crear el pueblo, luego que Juan Jiménez de Ponce y Mendoza y su cónyuge, doña María Morales y Albornoz, donaran al Rey de España, Felipe V, 450 cuadras situadas entre el río Tinguiririca y el estero Talcarehue (hoy Antivero), para que ahí se erigieran las primeras casas del poblado. La donación se oficializó a través de una escritura pública extendida en Malloa, un caserío vecino al lugar.

Las tierras dispuestas para la creación de San Fernando no eran las más aptas. Húmeda, debido a la proximidad de dos ríos que corrían por sus costados, abiertas a los sostenidos y fríos vientos, sureños en invierno, una zona encauzada entre cerros, parecían condenadas a no cumplir buen cometido.

Sin embargo José Manso de Velasco primó la situación estratégica, ya que el lugar seleccionado constituía crucero del camino a Concepción en sentido sur y a Malloa y más al norte por el otro lado. Un villorrio en tal ubicación favorecía las comunicaciones rápidas con territorios amagados por los naturales del país. Al mismo tiempo, un aro, un descanso, para el viajero de paso.

En la práctica, el honor de la fundación debió recaer en el Corregidor Pedro Gisbert y Talens. Se dice que José Manso estuvo presente en la fecha señalada. Creo que en la duda conviene abstenerse. Por cierto, más adelante estuvo el Gobernador reconociendo el lugar. Pero el mérito mayor debería recibirlo Gisbert, quién acató el mandato y predicó con el ejemplo, levantando su casa, la primera edificación en el pueblo que nacía, en la esquina en que se cruzan las calles Argomedo y Carampangue, en donde una década atrás se hallaba la entrada al Liceo de Niñas.

En todo caso, hay que reconocer que en la Historia, como ocurre en las batallas, el honor se lo lleva el general y no sus lugartenientes, ni los soldados que perecen.

E interpongo mi anhelo secreto. Que en esta esquina se lea en una plancha: «Aquí, el 17 de Mayo de 1742, don Pedro Gisbert y Talens construyó la primera casa de San Fernando…».

El ejemplo del Corregidor provocó resistencias. Los trescientos propietarios de terrenos aledaños se negaban a invertir dinero en construcciones. Ellos poseían cómodos hogares en sus campos. Mas, el porfiado Gisbert recurrió a presiones y airadas amenazas, anunciando fuertes multas. Sólo así los lugareños comenzaron a poblar los terrenos.

Entre los primeros que condescendieron, aunque fuese a regañadientes, a residir en San Fernando, edificando casonas, se cuenta a Tomás Argomedo Reyes, su hermano Gregorio Argomedo Reyes (padre del prócer Gregorio Argomedo Montero), el presbítero Nicolás Ramírez de Avellano, Luis Guzmán Coronado, Fernando Bravo de Naveda, Juan José de Aliaga y otros…”.

Fragmento de “San Fernando. 250 años” de Enrique Neiman.